Las principales redes sociales suspenden las cuentas de Trump

Las principales redes sociales suspenden las cuentas de Trump
Domingo, 10 de enero 2021

Los ciudadanos estadounidenses difícilmente podrán olvidar el día en el que el Capitolio fue asaltado a la fuerza por manifestantes instigados por el presidente Donald Trump. Esta incitación a la violencia, en cambio, venía fraguándose desde hace tiempo en las redes sociales.

El asalto al Capitolio ocurrido el pasado 6 de enero va a tener serias consecuencias en la vida política y personal de Donald Trump, dado su papel como instigador de la insurrección en uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de Estados Unidos. Sus falsas alegaciones de fraude electoral, sus constantes maniobras para revertir su derrota en las urnas y su llamamiento a tomar por la fuerza el Congreso en el momento en el que se estaba produciendo la votación para ratificar la victoria de Joe Biden, entre otras muchas cosas, pasarán factura a Trump y sus deseos de repetir mandato. Su posterior intento de revertir las consecuencias de sus actos condenando la violencia y garantizando una transición de poder ordenada, a través de un vídeo difundido 48 horas después del asalto, resulta desesperado y bochornoso. “Pagarán por ello”, decía entonces el hombre que tiró la piedra y escondió la mano.

Facebook e Instagram ya han tomado la decisión de suspender indefinidamente sus cuentas, mientras que Twitter ha ido un paso más allá cancelando de forma permanente la cuenta de un presidente saliente al que muchos ya califican como un “peligro para la democracia americana”. El argumento común de las tres plataformas para justificar su decisión es que los mensajes, posts y tweets de Trump son “susceptibles de incitar a la violencia”. La decisión tomada por Twitter cobra especial relevancia, ya que esta plataforma ha sido uno de los principales vehículos de Trump para anunciar decisiones gubernamentales, opinar sobre todo tipo de eventos dentro y fuera de sus fronteras y arengar a sus seguidores. No en vano el presidente saliente contaba con la friolera de 88 millones de followers en esta red social.

El debate sobre la naturaleza de plataformas como Twitter, Facebook o Instagram, por tanto, sigue más vigente que nunca: ¿acaso las redes sociales son medios de comunicación sujetos a una línea editorial concreta o son simples plataformas donde todo el mundo puede expresarse libremente, incluido Donald Trump? “Para poner límite a opiniones desagradables u ofensivas ya existen leyes que protegen el derecho al honor, a la intimidad e incluso a los sentimientos, y en su nombre se han dictado no pocas sentencias; algunas de ellas bastante discutibles, por cierto”, argumentaba Javier San Román en un reciente artículo sobre el boicot publicitario ejercido por algunas marcas a Facebook alegando que esta red social no pone freno a la publicación de mensajes de odio. Fernando Montañés, periodista y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, por su parte, iba un poco más allá: “Europa sufre el Brexit y Estados Unidos a Donald Trump en gran medida gracias a dos campañas superplanificadas y manipuladoras, con Marc Zuckerberg emulando a Pilatos y lavándose las manos mientras seguía haciendo caja. Solo ahora, cuando le tocan seriamente el bolsillo y muchos grandes anunciantes han dicho basta presionados por los consumidores, quizá cambien un poco las cosas. No se trata tanto de censura como de control y responsabilidad. En nombre de la libertad de expresión no vale todo, pues no es lo mismo opinar que insultar, ni discrepar que incitar al odio”. Y, efectivamente, las cosas han cambiado.

Donald Trump, en cambio, no se va a quedar quieto. Sus consejeros ya han anunciado su intención de utilizar la suspensión de las cuentas del presidente saliente como una oportunidad para cambiar el relato del asalto al Capitolio retomando el argumento de la parcialidad anti-conservadora de las redes sociales y alegando que la censura a las cuentas de Trump es un ataque directo a sus millones seguidores y, por tanto, a la democracia. Ver para creer.


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