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Apostar todo al morado

Apostar todo al morado
Martes, 25 de octubre 2022

Digamos que el feminismo es algo así como los pantalones campana: está de moda, vende y la publicidad lo sabe.

Como feminista, soy consciente de ello, es decir, la ecuación es sencilla. Si juntas el cambio de mentalidad cultural, el grito de millones de mujeres alrededor del mundo por una representación justa y un mercado deseoso de rentabilizar esta preocupación, el resultado no puede ser otro que el femvertising. Hasta el nombre nos vende la moto: una publicidad que nos trata, aparentemente, “como merecemos”. No podemos obviar la fina línea entre activismo y oportunismo. Indudablemente esta estrategia publicitaria podría posibilitar un cambio social, pero este no es el objetivo de la publicidad. Pienso en el ciberfeminismo cada vez más en auge cada 8M y en las marcas que abanderan consignas feministas, falsas igualdades, logos morados y publicaciones carentes de activismo veraz. Y, como marca, seguro que piensan “¿por qué no?”. Les beneficia decir que son feministas un día tan marcado y parece que lo son todo el año; una publicación “postureta” no cuesta nada, si total “8M es todos los días” ¿no? Esta publicidad se ha aprovechado tanto de las olas feministas que lo ha inundado todo de falsos morados hasta ahogar el feminismo. Ahora que todo es políticamente correcto, qué importante es (o sería) que las marcas y sus valores vayan en sintonía con sus acciones y sobre todo, con su política interna, poniendo el foco en la coherencia de los mensajes. Quizás deberían pintarse menos de morado y mostrarse más transparentes.


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