Parnaso septiembre 2019
 

Todos somos Truman

Todos somos Truman
Viernes, 13 de septiembre 2019

"Siento ser portador de malas noticias pero si tienes móvil, entras en redes sociales, compras online, usas apps de terceros, accedes con tu huella o tienes pulsera de actividad, tus datos están en países de los que ni siquiera has oído hablar", apunta Álvaro Anguita, Business Director de Performics, en una aguda reflexión sobre la privacidad en la era digital.

“Pues no, no te acepto las cookies”, piensas por dentro con la falsa sensación de blindar tu privacidad. –De hecho, voy a entrar de incógnito. Hala–. /Brzzz/ Una notificación en el móvil desvía tu mirada. Tu hermano acaba de mandar una foto al grupo “Family” con un filtro de viejito. –Ja jaja, eres igual que papá–. Te ríes. Te bajas la app, lo haces. “Pues oye, para dedicarme a la publicidad me esperaba bastante más cascado”. Lo pasas al grupo. Todos pasan la suya. Un minuto de risas y chistes a cambio de una cesión de datos biométricos a una empresa con sede en San Petersburgo, y sus afiliados, para toda la eternidad. Oh, Drama.

Yo creo que si realmente supiéramos en cuántos servidores están nuestros datos, sí que entraríamos en estado de shock. Siento ser el portador de malas noticias, pero si tienes móvil, redes sociales, usas un navegador, compras online, tienes apps de terceros en tu smartphone, accedes con tu huella o tienes pulsera de actividad, tus datos están en países de los que ni siquiera has oído hablar. ¿Te preocupa que tengan tu foto? Normal, pero yo también me preocuparía por entender por qué mientras navegas hay un ad-exchange ofreciendo tu impresión con un bid request object de hasta 595 capas de data con información sobre tu dispositivo, tu localización, tus gustos y tus intereses. Tu huella digital, de oferta.

Una huella con un alto valor porque analizándola se puede saber –y activar– dónde estamos en cada momento, en qué trabajamos, dónde vivimos o cuántos somos en casa; si estamos en forma, la pizza que preferimos, lo que nos preocupa, si conducimos rápido, si nos hemos dejado de hablar con nuestro mejor amigo y hasta si le somos infieles a nuestra mujer. De hecho, aplicando tecnología podemos llegar incluso al punto de predecir cosas de nosotros que ni nosotros mismos sabemos aún. ¿Sabías que con un modelo probabilístico bien desarrollado se podría saber con alta precisión si esa misma noche compraremos unas zapatillas cuando todavía nos estemos preparando el café de por la mañana? Todo anonimizado, sí. No sabrán cómo nos llamamos, pero sí saben bastante de cómo somos. Es como vivir en la película “El show de Truman” pero con una pequeña diferencia: Aquí… Todos somos Truman.

La cantidad de data disponible es directamente proporcional a la exposición que tengamos en el mundo online y a las posibilidades técnicas de trazar toda esa información. En España, por ejemplo, casi siempre nos hemos mostrado más reacios a pagar por suscripciones o servicios tecnológicos –aunque afortunadamente la irrupción de Amazon Premium, Spotify Premium o Netflix, entre otros, están cambiando esta tendencia-. Nunca olvidaré cuando Whatsapp solicitaba un pago de 0,99€ para tener acceso a mensajería gratuita de por vida. Menos de un euro por una APP que rompió el negocio de los SMS y que nos hizo ahorrar miles de euros. ¿La reacción? Miles de personas se pasaron en tromba a Telegram o LINE mientras se rasgaban las vestiduras en Twitter. “No lo pienso pagar” decían malhumorados, Gin-tonic de 12€ en mano.

¿Y qué pasa cuando no pagamos por algo? Que lo monetizarán con tus datos. Por fin estamos empezando a asumir que formamos parte de un ecosistema tecnológico cuya moneda de cambio es el dato… ¿O es que pensabas que alguien invertiría su dinero y tiempo en crear una start-up, desarrollar una app, mejorarla y lanzarla, para regalársela altruistamente a la sociedad? Si tu respuesta es sí, buenos días. Y por si no volvemos a vernos: buenos días, buenas tardes y buenas noches.


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